domingo, 8 de noviembre de 2015

¿QUIEN MATO A LATINOAMÉRICA?


Nuestro destino natural era la unidad. Aunque nacimos de la fragmentación de un imperio y nuestras diferencias a veces nos hacen más primos que hermanos, los americanos de habla española estábamos destinados, más que ningún otro grupo de naciones a la unida; pero algo sucedió y la pregunta que nos hacemos desde un continente despedazado es: ¿quién mato a Latinoamérica?
¿Fueron los brasileños que en un afán por construirse un patio trasero secuestraron a buena parte de Sudamérica con acuerdos comerciales y organismos políticos de los cuales el mayor beneficiado ha sido el mismo; o fue la retórica populista de Lula y Dilma que dividía al sur entre buenos y malos bloqueando a México, el país de habla española más fuerte para no tener un rival en el área?
¿Fueron las elites latinoamericanas formadas por oligarcas y fascistas con fantasías imperiales; una pre moderna clase política localista y ranchera que imaginaba a sus pobres países como imperios continentales sin advertir que nadie recorre el camino de la gloria en ojotas o en guaraches. ¿Fueron ellos los que impidieron con su onanismo mental la unión de los americanos de habla española?
¿O tal vez los asesinos fueron los medios de comunicación monopólicos al servicio del poder que al reproducir la retórica del odio profundizaron la fragmentación regional y fracturaron la natural curiosidad e interés por conocer y acercarse a otras sociedades y otras realidades?
¿Fueron los resentimientos, la desconfianza y el miedo anidados en el corazón de una historia que hace referencia a invasiones, crímenes y guerras entre vecinos y hermanos?
El polo de poder anglosajón dividido entre Inglaterra y Estados Unidos ha dominado al mundo; el poder asiático con alcance universal ha pasado del Japón a China; Europa se unió para influir en el mundo y proteger sus intereses creando un polo de poder europeo con sede en Bruselas; y nosotros, NO los latinoamericanos, sino los americanos que hablamos español, no nos damos cuenta del poder económico, científico, cultural, alimentario, industrial y artístico que tenemos para generar un polo de poder que defienda nuestros intereses y que influya en el mundo.
Es momento de plantearnos con seriedad nuestra trascendencia universal con lo propio y original, con orgullo y determinación, corrigiendo nuestro destino bifurcado tantas veces por intereses ajenos; a los americanos que hablamos español nos unen las palabras de un mismo idioma y el vigor de un mismo anhelo: ser grandes.
Sin embargo persiste la pregunta ¿Quién mato a Latinoamérica?

Tal vez fue nuestra indiferencia; nuestra falsa autosuficiencia; tal vez fuimos nosotros que no hemos sabido reconstruir los vínculos naturales que hay entre todos los americanos que hablamos español y con quienes tenemos un papel histórico que jugar. 

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