lunes, 12 de octubre de 2015

VENEZOLANOS EN CHANCLAS PERPETUAS

El número de venezolanos viviendo y trabajando en México se ha duplicado los últimos años. Quien piense que lo que le sucede a Venezuela a los mexicanos no nos afecta, está equivocado.
Se dice que lo sucedido a este país sudamericano no es un tropezón que podrá enmendarse en algún momento, sino la cancelación de un futuro promisorio para muchos años. Venezuela es un país sudamericano que culturalmente pertenece al caribe; y es el caribe la región más atrasada de la atrasada Latinoamérica. Si juzgamos por los resultados en la Venezuela del comandante supremo podemos afirmar que lo mencionado es verdad.
Este es un país sin industria cuyos ingresos dependen en el 96% de petróleo. Se habla de una escasez severa de alimentos, medicinas y energía eléctrica. Se menciona que la fuga de recursos monetarios y humanos no tiene parangón en américa Latina y el mundo, y que el manejo macroeconómico los últimos 15 años ha sido deplorable y sinsentido: un 45% de las ventas de petróleo se destina a subsidiar a Cuba y a otros países del caribe. El gobierno venezolano mantiene en secreto el recorte presupuestal a la mayoría de los programas sociales mientras que el presupuesto para el ejército y para la propaganda de telesur se duplico el último año.
Se dice que el glamour de los uniformes militares y las boinas, de los títulos de comandante y revolucionario, han enloquecido a un tipo de latinoamericano obnubilado por los héroes y los personajes ficticios, por los caudillos, los mesías tropicales y sus apóstoles. Una mentalidad latinoamericana inmadura que busca en los superhéroes la realización de un sueño tan irreal como peligroso. Hacer de la nación un campo de pruebas, un laboratorio es jugar a los volados con el destino de millones de personas. Los venezolanos lo hicieron con su país y hoy tenemos los resultados.
Venezuela no verá la luz de la democracia en muchos años, o tal vez nunca, porque el recurso humano está sumamente dañado, los años de culto a la personalidad del líder supremos y los valores humanistas torcidos por la manipulación casi religiosa y omnipresente de sus ideólogos, han obrado en la trasformación de este pueblo que protesta por hambre pero no por la falta de libertad y democracia.
Las ficticias revoluciones sudamericanas fueron muy exitosas en la construcción de un relato que se creyeron ellos mismos. Hoy, ante el recuento de los daños se puede constatar que nada o poco ha cambiado. Venezuela, Argentina, Ecuador y Bolivia no son sino dictaduras disfrazadas. Sin embargo, este capítulo sudamericano está lejos de terminar: la retirada de la marea populista será lenta y costosa; la agonía de las repúblicas revolucionarias será prolongada.
 Una vez más Latinoamérica nos ofrece valiosas lecciones sobre lo caro que nos puede costar no domeñar al ingenuo salvaje que vaga aun por el continente.


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