lunes, 12 de octubre de 2015

LAGRIMAS EN TLANEPANTLA

El espectáculo del fin del mundo recorre las calles de México.

Tlanepantla a las 9 de la noche. Era muy joven y muy delgado, me mostro su rostro, sus ojos tristes, su boca seca que era una grieta de salitre. Calzaba sandalias, me hablo con un acento lejano pero familiar. Me pidió una moneda para comprar agua y comida. Al mirarlo quede petrificado cuando vi que el migrante centroamericano traía todo el fulgor de mi ciudad contenido en el brillo de una lágrima.
Tlanepantla es una orilla en el valle de México, es industrial y muy urbanizado. Posee anchas avenidas, modernos puentes y un tren suburbano de primer mundo. Este lugar no es una estación más en el largo camino de la bestia, es el primer punto de encuentro del migrante centro y sudamericano con el mexicano de la gran ciudad.  
La fragilidad del joven migrante me lastimo al contraste con la inmensa soledad del bulevar Reyes Heroles; seguro en Honduras no sabían que las noches en el valle de México son heladas e imposibles de soportar con una playera delgada. En el salvador debían desconocer que la geografía mexicana es un desafío que no se puede afrontar en sandalias. En Guatemala seguro ignoraban que las calles del México industrial son enormes y poco transitadas.
Al darle una moneda al migrante, pensé en el país tropical que se quedaba atrás, pensé en alguien que lo esperaba en Tegucigalpa, me preguntaba por quién se atrevía a cruzar medio continente, que nombres guardaba como único valor en su mochila, con quien soñaba en El salvador, como iba a resistir el olvido de Nicaragua. Pensé en los mutilados por el tren, en los devorados por la bestia, en los extorsionados por el crimen organizado. Pensé en mis hermanos mexicanos obligados en el pasado a lo mismo.
El migrante recibió la moneda y me dijo _ gracias mexicano. Entonces se alejó en dirección de la noche chilanga en la cual lo mire diluirse entre las luces citadinas.
Al abordar el tren suburbano me surgió la certeza que entre nuestras vidas difíciles, las terribles son aquellas que el dejar la patria nos convierte en un eslabón de una cadena infame de ausencias. Entre Ferrería y Buenavista me di cuenta que las afrentas nacionales, los odios infundados, las consideraciones raciales valen madres cuando ante tus ojos se revela el espectáculo del fin del mundo: la migración que separa familias, que rompe países, que genera soledad, que nos condena al olvido.
Centroamérica no superara por si misma todos sus dramas, por humanidad los mexicanos tenemos que hacer algo.
Buenavista 9:45 p.m. La noche previa a navidad. México 2013.



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