viernes, 19 de agosto de 2011

LA LINEA DIVISORIA ENTRE EL AMOR Y EL SUICIDIO


Habían sido ya tres semanas de infierno, no porque le doliera separarse después de tantos años, sino por el asco que se le atragantaba todas las mañanas  y no le permitía comer, la sola imagen de dos hombres teniendo sexo la enfermaba, no entendía  aquella preferencia que hacía a un lado la suave piel femenina, era el asco verdadero pero también era la confirmación de una sospecha añeja que había eclosionado  a partir de pequeñas inconsistencias y contradicciones, el miedo que toda mujer esconde como una afrenta arrojada al rostro, se había materializado en mitad del denuendo lacrimoso de una confesión, no fue el único crimen que aquella catarsis domestica arrojo como fetos mal nacidos escupidos por una vulva cansada, había decidido que el silencio sellaría   la grietas y resanaría las heridas frescas, pero con los días simplemente se le vinieron encima y ya no pudo levantarse de la cama, y ya no la arrancaron de la cama, la magnesia, el jugo de naranja, el té de yerba buena, la marihuana, el vodka, las pastillas para dormir, nada funcionaba, solo quería dormir un poco y saber qué es lo que tenía que hacer cuando despertara. Evitando la line divisoria entre la desesperanza y el suicidio.

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