jueves, 28 de julio de 2011

SOMOS LEGIÓN (TERROR)

SOMOS LEGION
Cerro la puerta de la habitación, se pasó las manos por el pelo revuelto y exhalo liberado. Toda la excitación sexual que lo enloqueció una hora antes había desaparecido; solo quería meterse bajo las sabanas y dormir. En el trayecto a la cama, lo detuvo la imagen de sí mismo en el espejo del armario, su piel desnuda adquiría en la sombra el tono azul del plenilunio,  pensó en la carnación de los muertos y en la luna proyectándose a través del balcón. Amaba en secreto la forma de su cuerpo; contemplarse desnudo le devolvía la vida; se sabía un egoísta. Se metió en la cama dispuesto a quedar dormido en los próximos minutos, bocarriba su mirada transitaría por las vigas añosas de la construcción colonial avenida en hotel de paso, alcanzaría con la imaginación los detalles del mobiliario que la penumbra difuminaba y soñaría con las historias improbables que en ese espacio habían nacido, tal vez historias de putas o de asesinos. 

Recordó los ojos profundos de la mujer que acababa de despedir en la puerta, aun percibía en su pecho el olor a maquillaje, la imagino muerta de frio, parada en la misma calle donde la conoció, sintió lastima y se quedó dormido. Entre sueños escucho unas risas que dispararon su instinto de conservación, al abrir los ojos alarmado, se dio cuenta que la sombra era más intensa y  que las risas eran casi imperceptibles; si la prostituta había regresado y estaba jugando a los escondites, como había podido entrar cuando él había asegurado la puerta recorriendo el pestillo. De un salto brinco de la cama, prendió la luz y abrió el armario, las risas habían callado y en el armario oscilaba, como un péndulo, un gancho de ropa tan vetusto como el hotel. Desconcertado miro en derredor, se asomó al balcón;  la profusa utilería de las calles más viejas de México guardaba silencio. No sabía que en las azoteas los gatos se movían entre lóbregas apariciones  y olían el miedo, tampoco sabía que él era el único huésped alojado en el hotel imperial. Aseguro la puerta nuevamente, apago la luz y regreso a la cama. 


Con la cabeza sobre la almohada recordó la mueca siniestra del recepcionista sin dientes cuando le daba la llave. Sintió un escalofrió que lo hizo temblar. Apenas hubo cerrado los ojos percibió una respiración profunda que se hacía más presente a cada segundo; si era la respiración de un hombre o un animal, no lo tenía claro; sin embargo, el terror lo paralizo cuando se percató que aquello que respiraba se encontraba bajo la cama, sin valor para moverse, o correr, o huir, intentó poner orden a los acontecimientos y dotarlos de una lógica, sorpresivamente vino a su memoria uno de los hombres que jugaban cartas en la recepción, el único que se distrajo del juego y les miro por un rato, mientras él y la prostituta esperaban la llave del cuarto. Recordó que al subir las escaleras, el hombre lacónico con los ojos muertos, le dijo algo que no comprendió, _somos legión.

La única respuesta coherente, se esforzó por convencerse a sí mismo,  era que la mujer había regresado y que estaba bajo la cama, que le jugaba una broma, o que le quería robar. Mas enojado que temeroso, hurgó con los brazos ahí donde pensó encontraría a la sexoservidora; sintió un cuerpo suave; lo sujeto con fuerza y lo jaló fuera de su refugio; era el cadáver de la mujer con quien había llegado. Se tambaleo intentando alcanzar la salida; golpeo el apagador eléctrico pero las luces no encendieron; a tientas encontró el pestillo y la manija de la puerta sin conseguir que se abriera,  la respiración de la bestia se había hecho más intensa y la sentía atrás de él. El aliento caliginoso de uno y legión se acercaba cada vez más; No se atrevió  a voltear.

Germán Raúl
México D.F
gerzaty@hotmail.com

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