jueves, 28 de julio de 2011

LOS GIGANTES DE SANTA SOFÍA (FRAGMENTO)

Un anciano que decía tener más de cien años, refería una extraña mitología en el origen de los primeros habitantes de Santa Sofía del Desierto, cuyo nombre original era  tan diferente como impronunciable, hablaba de un mestizaje entre seres fantásticos ocurrido en las cavernas de los acantilados hacia tantos siglos como el mismo diluvio. El nombre de aquellos seres se había olvidado, no así su aspecto que describía la talla de los gigantes y la belleza de los ángeles. Las hembras siempre parían dos crías, y por alguna razón desconocida, nacían mayormente machos. Vivian casi doscientos años y adoraban al fuego como su dios máximo. Olían a muerte, contaba el anciano, pues eran una especie de vampiros necrófagos en tiempos de paz, y antropófagos activos en la guerra: se alimentaban con los enemigos capturados, bebían su sangre y se apoderaban de sus almas; acabaron en pocos años con las tribus vecinas, manteniendo despoblada toda el área que hoy ocupa Sonora Chihuahua y Arizona, apostillo el viejo con voz profunda.

El mito no explicaba porque los descendientes actuales de santa Sofía del desierto, habían perdido el tamaño de los gigantes, y sus costumbres estaban más cerca de las humanas que  de las vampíricas. La razón que daba el anciano era una que tenía que ver con la llegada de los españoles, la cruz y una santa llamada Gumara Normandía, en tiempos de la primera expedición hacia el norte de la Nueva España; la conversión a la fe católica de aquellos hijos de gigantes, así como la promesa de construir una catedral con sus propias manos como penitencia, les habría liberado de la naturaleza diabólica con que habían llegado al mundo: Dios los había perdonado dándoles la apariencia de los humanos y devolviéndole a las flores su aroma natural; las rosas cultivadas en aquella tierra no volverían oler a muerte, aunque nunca crecieron rosas en el desierto mexicano, ni hubiera natural de la región, que haya tenido en sus manos una flor viva.  Un  anciano de memoria prodigiosa y ojos enérgicos, era el último depositario de aquella historia transmitida oralmente durante milenios. 


Germán Raul
México D.f
gerzaty@hotmail.com

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